El naufrago siempre ve el mismo panorama, el mismo horizonte sin esperanza. El naufrago está rodeado de agua inerte, tan inerte como todas aquellas caras, aquellas risas, aquellas sonrisas, aquellas ilusiones, aquellas... aquellas... aquellas... Y son inertes porque no puedo tener contacto con ellas, son tan lejanas, son el agua en el que floto. Tan solo quisiera encontrar mi isla en esta urbe, pero está tan escondida en medio de todas estas caras que he llegado a dudar si existe.
El naufrago piensa todo el día. A lo mejor quisiera que alguien escuchara lo que piensa. A lo mejor quisiera escribir lo que piensa. Pero el naufrago está en medio de este "desierto" y se frustra al saber que es poco probable que alguien sepa y comprenda todo su dolor, toda su angustia. Pues bien, sigo aquí tan perdido como siempre en medio del "desierto", porque si bien, este naufrago si puede escribir, se frustra al pensar que nadie lo podrá leer, o aún más, que pueda comprender la angustia de no encontrar su isla, de no encontrar su refugio.
Hay alguien que te lee. Se como se siente caminar en medio de la gente sin sentirse parte de nada. Buen blog.
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