No sé en qué momento pasó, pero muchas personas perdieron valor para mi, y es obvio que el efecto ha sido recíproco. Las personas pasan por la vida, algunas llegan y reemplazan a otras, algunas se reciclan y otras se desechan. Pero yo me dediqué solo a desechar, como si estuviera en condición de derrochar. Deseché hasta lo que amaba, lo que hoy requiero para ser un poco feliz. Y la vida es sabia porque vive dándole su merecido a quien lo amerita. Así pues, cuando creí que no necesitaba de nadie, ahora tengo la certeza de que pocos necesitan de mi.
Mi segunda decepción se asoma cuando, por un instante, me lleno de valentía. Quizás, tomar el riesgo de salir solo podría resultar en algo inesperado ¿Qué podría perder? ... (continuará)